viernes, 26 de febrero de 2016

Como aplicar LIMITES a los niños

Queda claro por vuestros comentarios que, fácil no es

Pero ¿se puede conseguir?


Aquí os paso unos consejos que nos pueden ayudar.


Prestad atención cuando dice:

"Desaprueba la conducta, no al niño. Deja claro a tus hijos que tu desaprobación está relacionada con su comportamiento y no va directamente hacia ellos. No muestres rechazo hacia los niños. Antes de decir "eres malo", deberíamos decir "eso está mal hecho" (desaprobación de la conducta)."

O sea, un niño no es torpe, porque ha tirado un vaso al suelo, sino que esa conducta en concreto, es la que debe modificar para que no le vuelva a pasar.
No es inútil por ello, sólo esa conducta en concreto ha sido desacertada, y no por ello, el niño debe de llevar "etiqueta".



Cómo aplicar límites a los niños


10 consejos para educar con disciplina a nuestros hijos
Una disciplina eficaz a la hora de aplicar los límites a nuestros hijos es lo más importante. Para educar de manera eficaz a nuestros hijos debemos marcar las reglas en casa con el objetivo de cumplirlas. El secreto es hacerlo de manera coherente y con firmeza. Una de las consecuencias educativas de una falta de habilidad a la hora de establecer las normas y de marcar los límites puede ser la falta de respeto, que se produce cuando hablamos demasiado, exageramos en la emoción, y en muchos casos, nos equivocamos en nuestra forma de expresar con claridad lo que queremos o lo hacemos con demasiada autoridad.
10 consejos básicos para aplicar límites educativos
Cuando necesitamos decir a nuestros hijos que deben hacer algo y "ahora" (recoger los juguetes, irse a la cama, etc.), debemos tener en cuenta algunos consejos básicos:
                             TDAH COMO APLICAR LIMITES
Aplicar límites a los niños
  1. Objetividad. Es frecuente escuchar en nosotros mismos y en otros padres expresiones como "Pórtate bien", "sé bueno", o "no hagas eso". Estas expresiones significan diferentes cosas para diferentes personas. Nuestros hijos nos entenderán mejor si marcamos nuestras normas de una forma más concreta. Un límite bien especificado con frases cortas y órdenes precisas suele ser claro para un niño. "Habla bajito en una biblioteca"; "da de comer al perro ahora"; "agarra mi mano para cruzar la calle" son algunos ejemplos de formas que pueden aumentar sustancialmente la relación de complicidad con tu hijo.
  2. Opciones. En muchos casos, podemos dar a nuestros hijos una oportunidad limitada para decidir como cumplir sus "órdenes". La libertad de oportunidad hace que un niño sienta una sensación de poder y control, reduciendo las resistencias. Por ejemplo: "Es la hora del baño. ¿Te quieres duchar o prefieres bañarte?". "Es la hora de vestirse. ¿Quieres elegir un traje o lo hago yo? Esta es una forma más fácil y rápida de dar dos opciones a un niño para que haga exactamente lo que queremos.
  3. Firmeza. En cuestiones realmente importantes, cuando existe una resistencia a la obediencia, nosotros necesitamos aplicar el límite con firmeza. Por ejemplo: "Vete a tu habitación ahora" o "¡Para!, los juguetes no son para tirar" son una muestra de ello. Los límites firmes se aplican mejor con un tono de voz seguro, sin gritos, y un gesto serio en el rostro. Los límites más suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no. Ejemplos de ligeros límites: "¿Por qué no te llevas los juguetes fuera de aquí?"; "Debes hacer las tareas de la escuela ahora"; " Vente a casa ahora, ¿vale?" o "Yo realmente deseo que te limpies". Esos límites son apropiados para cuando se desea que el niño tome un cierto camino. De cualquier modo, para esas pocas obligaciones "debe estar hecho", serás mejor cómplice de tu hijo si aplicas un firme mandato. La firmeza está entre lo ligero y lo autoritario.
  4. Acentúa lo positivo. Los niños son más receptivos al "hacer" lo que se les ordena cuando reciben refuerzos positivos. Algunas represiones directas como el "no" o "para" dicen a un niño que es inaceptable su actuación, pero no explica qué comportamiento es el apropiado. En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer ("Habla bajo") antes de lo que no debe hacer ("No grites"). Los padres autoritarios tienden a dar más órdenes y a decir "no", mientras los demás suelen cambiar las órdenes por las frases claras que comienzan con el verbo "hacer".
  5. Guarda distancias. Cuando decimos "quiero que te vayas a la cama ahora mismo", estamos creando una lucha de poder personal con nuestros hijos. Una buena estrategia es hacer constar la regla de una forma impersonal. Por ejemplo: "Son las 8, hora de acostarse" y le enseñas el reloj. En este caso, algunos conflictos y sentimientos estarán entre el niño y el reloj.
  6. Explica el porqué. Cuando un niño entiende el motivo de una regla como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla. De este modo, lo mejor cuando se aplica un límite, es explicar al niño porqué tiene que obedecer. Entendiendo la razón, los niños pueden desarrollar valores internos de conducta o comportamiento y crear su propia conciencia. Antes de dar una larga explicación que puede distraer a los niños, manifiesta la razón en pocas palabras. Por ejemplo: "No muerdas a las personas. Eso les hará daño"; "Si tiras los juguetes de otros niños, ellos se sentirán tristes porque les gustaría jugar aún con ellos".
  7. Sugiere una alternativa. Siempre que apliques un límite al comportamiento de un niño, intenta indicar una alternativa aceptable. Sonará menos negativo y tu hijo se sentirá compensado. De este modo, puedes decir: "ese es mi pintalabios y no es para jugar. Aquí tienes un lápiz y papel para pintar". Otro ejemplo sería decir: "no te puedo dar un caramelo antes de la cena, pero te puedo dar un helado de chocolate después". Al ofrecerle alternativas, le estás enseñando que sus sentimientos y deseos son aceptables. Este es un camino de expresión más correcto.
  8. Firmeza en el cumplimiento. Una regla puntual es esencial para una efectiva puesta en práctica del límite. Una rutina flexible (acostarse a las 8 una noche, a las 8 y media en la próxima, y a las 9 en otra noche) invita a una resistencia y se torna imposible de cumplir. Rutinas y reglas importantes en la familia deberían ser efectivas día tras día, aunque estés cansado o indispuesto. Si das a tu hijo la oportunidad de dar vueltas a sus reglas, ellos seguramente intentarán resistir.
  9. Desaprueba la conducta, no al niño. Deja claro a tus hijos que tu desaprobación está relacionada con su comportamiento y no va directamente hacia ellos. No muestres rechazo hacia los niños. Antes de decir "eres malo", deberíamos decir "eso está mal hecho" (desaprobación de la conducta).
  10. Controla las emociones. Los investigadores señalan que cuando los padres están muy enojados castigan más seriamente y son más propensos a ser verbalmente y/o físicamente abusivos con sus niños. Hay épocas en que necesitamos llevar con más calma la situación y contar hasta diez antes de reaccionar. La disciplina consiste básicamente en enseñar al niño cómo debe comportarse. No se puede enseñar con eficacia si somos extremamente emocionales. Delante de un mal comportamiento, lo mejor es contar un minuto con calma, y después preguntar con tranquilidad, "¿que ha sucedido aquí?". Todos los niños necesitan que sus padres establezcan las guías de consulta para el comportamiento aceptable. Cuanto más expertos nos hacemos en fijar los límites, mayor es la cooperación que recibiremos de nuestros niños y menor la necesidad de aplicar consecuencias desagradables para que se cumplan los límites. El resultado es una atmósfera casera más agradable para los padres y los hijos.
Fuente: http://www.fundacioncadah.org/web/articulo/como-aplicar-limites-a-los-ninos.html

- Teach your child to behave disciplining with love from 2 to 8 years.
Autor: Charles E. Schaefer, Ph.D., profesor de Psicología y director del Centro de Servicios Psicológicos en la Universidad de Fairleigh Dickinson.
Susana Ma.Arriola M.
Presidente de la Mesa Directiva
Derribando Muros DMS A.C.

martes, 23 de febrero de 2016

Pautas eficaces para niños desobedientes






¿Por qué es tan desobediente? Pautas eficaces para niños desobedientes

¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?, ¡Te lo he dicho veinte veces y los juguetes siguen tirados por el suelo! El hecho de ser desobedientes, la desobediencia en sí, es una de las características del desarrollo evolutivo del ser humano, pero los padres y educadores pueden intervenir sobre ella y modelar las conductas que la respaldan.
El proceso de desobediencia está desarrollado con la rebeldía. Los niños empiezan a atravesar etapas en las que decir “no” es la manera más fácil de diferenciarse del resto. Una desobediencia limitada es normal y, por tanto, saludable dentro de su desarrollo. Si nos encontráramos con niños demasiado buenos que nunca se rebelaran, nunca desobedecieran…, su crecimiento evolutivo estaría lejos de la normalidad.
¿Son los niños desobedientes “por naturaleza”?
El hecho de desobedecer, la inclinación natural a la desobediencia es propia de la persona, pero se modifica en función de las conductas que el ser humano va viviendo y se desarrollan a su alrededor. El componente genético es uno de los componentes que implican la desobediencia o no desobediencia en el niño, pero no el único, por lo que no debemos conformarnos y resignarnos pensando “que el niño es así”.
La desobediencia es un problema frecuente para padres y educadores, todos conocemos el término “desobediencia”, pero no es tan sencillo delimitar lo que constituye un acto de desobediencia; los episodios de desobediencia pueden formar parte del desarrollo evolutivo del niño e ir acompañados de rabietas y negativismo. Para tomar las medidas correctas oportunas debemos valorar cada situación, la edad de aparición de estas conductas, las circunstancias que las provocan, por qué se mantienen, la relación y la situación familiar…
Presentamos un caso extraído del libro “RECETAS PARA EDUCAR” de CAROLYN MEEKSEDICIONES MEDICI
CUANDO EL NIÑO INTERRUMPE LAS CONVERSACIONES…
     “Tengo una amiga, con la que no he podido mantener una sola conversación ininterrumpida desde que su hijo, Miguel, tenía dos años. Miguel sabe, después de años de experiencia, que su madre, una mujer de gran corazón y que lo adora, siempre se muestra más dispuesta a acceder a sus peticiones delante de sus amigas o mientras habla por teléfono con ellas.
     Cuando era más pequeñito, Miguel recibió todas las atenciones y cuidados. Para él, si sus padres hablaban entre ellos o con otra persona, eso significaba que no le estaban prestando atención. Así pues, era necesario decir o hacer algo para cambiar el foco de atención. Como por ejemplo, palparse la entrepierna y decir “¡Pipí!”, tanto si tenía ganas como si no. O tirar del brazo de su madre, y tirar, tirar, tirar. O también enrollar sus pequeños bracitos alrededor de la pierna de su padre y tirar, tirar, tirar.
     A medida que fue aprendiendo a expresarse, se dio cuenta de que le bastaba con plantear la más irrelevante de las preguntas que se le ocurrían cuando sorprendía una conversación de la que él estaba excluido. Y dado que papá y mamá se detenían siempre a mitad de una frase para prestarle toda su atención, aunque sólo fuera para decirle que no interrumpiera, él continuaba aplicando su método.
     Pero y han pasado seis años y medio y mamá y papá están hartos de tanta interrupción e incluso sienten vergüenza cuando ocurre.”
     Solución:
    Los padres deben aprender a tenerse respeto a sí mismos y a sus necesidades, lo cual incluye su derecho a mantener conversaciones ininterrumpidas con los amigos y la pareja. Por su parte, el niño debe aprender a tener respeto y consideración hacia los demás.
  1. Siéntese con su hijo y explíquele que es más importante para usted disponer de su tiempo como adulto o de un tiempo especial que es, simplemente, para usted. Discuta los conceptos de respeto hacia uno mismo y mutuo. Aclárele muy bien lo que se espera de él. Pídale sugerencias sobre cómo establecer la recompensa que recibirá si mejora o las consecuencias que sufrirá si contraviene las normas básicas.
  2. Nunca acceda a una petición formulada cuando usted está hablando por teléfono.
  3. Por otra parte, usted debe imponerse expectativas realistas en cuanto a las necesidades de su hijo, así como en lo referente a las suyas. Por ejemplo, si usted se ha pasado una hora hablando por teléfono, y su hijo necesita dinero para tomar el autobús de camino al gimnasio, no es realista esperar que él no le interrumpa en algún momento, ya que se le está haciendo tarde. Si usted tiene la necesidad de mantener una conversación larga, quizá pueda hacer una pequeña interrupción cada quince minutos a fin de vigilar el frente familiar.

Registrar los detalles de cada comportamiento
Dentro de esta etapa se realizará la observación rigurosa y la toma exhaustiva de datos relativos a las conductas que quieren ser modificadas para que la intervención se lleve a cabo de una manera correcta. No solo deben registrarse los detalles del comportamiento de los niños, sino también el de los adultos, apuntando claramente qué orden desobedece; quién, cómo y cuándo dio esa orden; cuál fue la consecuencia de la desobediencia del niño y cuál fue su reacción posterior; en qué momento del día se vulneran las normas; cuántas veces ha desobedecido… todo debe quedar correctamente apuntado con un registro constante y metódico.
Convertir las órdenes en pautas eficaces.
Conviene seguir las indicaciones establecidas en los siguientes puntos:
  • Las órdenes deben darse una a una dejándolas muy claras y dando el tiempo suficiente para que sean cumplidas.
  • Evitar la acumulación de varios mandatos a la vez, sobre todo si no queda verificado su cumplimiento.
  • No interesa estar permanentemente dando órdenes, pues hacerlo genera reacciones negativas y de oposición.
  • Las órdenes deben ser claras, muy concretas y utilizando un lenguaje adecuado a la edad del niño, cerciorándonos de que han sido comprendidas.
  • Las órdenes no deben ser contradictorias entre sí, y deben ser coherentes con aquello que se trasmite a los niños.
  • No conviene improvisar normas de última hora, deben ser conocidas y respetadas por todos y ser siempre las mismas, con independencia de nuestro estado anímico.
  • El tono utilizado para el cumplimiento de las órdenes debe ser totalmente sereno y firme, pero lejos de toda agresividad para evitar resistencias.
¿Qué ocurre si desobedece?
  • En primer lugar, bajaremos el nivel de los ojos del niño
  • Le diremos que lo que acaba de hacer NO es aceptable mirándolo a los ojos.
  • Utilizaremos un tono de voz firme pero sin alzarla.
¿Y si vuelve a portarse mal?
  • Llevaremos al niño al rincón de pensar
  • Lo dejaremos allí un ratito muy breve en silencio (se recomienda un minuto por cada años que tenga, si tiene 3 años, lo dejaremos 3 minutos)
  • Si no sabe por qué debe permanecer allí, se lo explicaremos cuando pase el tiempo estipulado.

Cuidar las etiquetas
El comportamiento de los niños desobedientes no depende sólo del entorno, o de su nivel evolutivo, experiencia o manera de ser. También es muy importante lo que creen que esperamos de ellos a través de los comentarios que realizamos… de tal modo que si de una forma continuada decimos que es desobediente, al final acaba desobedeciendo pues al fin y al cabo parece que es lo que esperamos de él, dado que estamos asumiendo que no puede cambiar y que cualquier esfuerzo en otro sentido no tendrá resultados; pensemos, por tanto , que si continuadamente verbalizamos que es desobediente, el niño acabará actuando en consecuencia, alineado con esa etiqueta que le hemos puesto de una forma más o menos consciente.



Fuente: http://www.papasehijos.com/2016/02/19/por-que-es-tan-desobediente-pautas-eficaces-para-ninos-desobedientes/